Es curioso, para los que ven la vida en blanco y negro es una persona que no sabe parar un momento, que no está quieta, que anda más acelerada de lo conveniente para la salud, que cualquier día engrosará las estadísticas de los infartos en la cincuentena. En cambio, para los que ven la vida siempre a colores, siempre por su lado bueno, es una persona vital, dinámica, trabajadora… Sea de uno u otro prisma es, en lenguaje vulgar, un culo inquieto. Hasta que coge la cámara. Esa que le regalaron sus hijos por su cuarenta cumpleaños y de la que prácticamente no se separa cuando llega el fin de semana. Ahí sí para, ahí no tiene prisa, ninguna. Ahí, enfoca, encuadra, separa y se queda con eso que ha visto, con lo único que quiere captar. Y espera, durante un segundo o durante un minuto…o los que hagan falta.

Siempre ha sido un dandi, no en la versión clásica, sino en la informal, la desenfadada, la del desaliño estudiado, pero elegante donde los haya, con esa elegancia innata que da la percha. Es de esos hombres a los que todo les sienta bien. Una mezcla entre Beckham y Clooney pero con una cara un puntito más canalla, más terrenal, más real.

Y pese a la apariencia canalla tiene ese punto afectivo, tierno, perceptivo e hiperestético que le hace fijarse, ver más allá. Quizá por eso cuando le regalaron su primera  cámara, una de esas pequeñas, compactas, de las de enganchar el carrete a mano sobre el rodillo, cerrar, pasar, mirar, disparar y tener que acabar el carrete para ir a revelarlo, aprendió a tener paciencia para descubrir si, en esa milésima de segundo en que se aprieta el disparador, la cámara había captado eso que el ojo quería inmortalizar. ¡Qué diferente es ahora! Podemos hacer cien fotos de lo mismo hasta conseguir el resultado pretendido, verlas al instante, rectificarlas y, si no nos gustan, mandarlas a la papelera Antes no, antes una, a lo sumo dos, y luego, otra cosa, hasta llenar el carrete. Y una vez reveladas, no podías tirarlas porque ya no estabas en el momento, en el instante, en el lugar. Podían estar borrosas, desenfocadas, con alguien que se había colado sin querer, con los ojos cerrados, el pelo revuelto, el bolso caído… Y todas se guardaban porque no había otra posibilidad.

Había recibido una llamada de sus amigos de la infancia. Hacía tiempo que ese culo inquieto no paraba un segundo. Fue una suerte que le contratara esa revista de deportes y que ascendiera a fotógrafo principal, eso le había permitido viajar por medio mundo. Las fotos por las que le contrataron no fue ni el gol perfecto, ni el pase decisivo, ni el salto más espectacular, ni un triple imposible. Fueron las del banquillo, los descansos, los tiempos muertos, el abrazo tras la derrota, la caída, la sorpresa…era eso otro…la trastienda, la espera, el pre, el pos… eso que lograba captar porque nunca tenía prisa, porque tenía una sensibilidad innata para esperar y apretar en el momento justo en que ese microsegundo mágico se produce y lo fotografiado trasciende la imagen, cuando puede decirse de verdad que una imagen vale más que mil palabras porque no puede expresarse en palabras “eso” que se ve en la fotografía.

Sus amigos habían organizado un concurso fotográfico. Habían animado a la gente a participar, sabían lo que él siempre les decía: la cámara nos permite capturar y guardar para siempre momentos únicos, o mágicos, o divertidos, o alucinantes, o simpáticos, o tristes, o inenarrables de otro modo… Son infinitas las posibilidades que nos ofrece un cámara.

Solo que la temática era difícil. Eso pensaban sus amigos. Porque, ¿qué interés tiene fotografiar algo relacionado con la justicia, la abogacía, el derecho, el turno de oficio o los derechos humanos? Le preguntaron y él, entusiasmado, les contestó: – Pues el mismo que fotografiar cualquier otra cosa. Y entonces fue él el que preguntó: ¿Es un tema desconocido para vosotros? Por supuesto que no, es nuestro trabajo, todos los que profesionalmente trabajamos en justicia en el partido judicial de Sueca, dedicamos muchas horas de nuestra vida a esto. Con suerte, un tercio de un día completo, o la mitad del tiempo que pasamos despiertos. Eso, con suerte, los liberales y los que se llevan el trabajo a casa, un poco más.

Pues entonces lo tenéis fácil, dijo. Coger la cámara es… capturar ese momento. En el trabajo también existen esos momentos. Quien dice trabajo dice el tiempo entre bastidores, las charlas con la contraparte, las risas con los compañeros, el cigarro en la puerta, el momento toga, las horas de estudio, los momentos de alegría…ahí es nada.

¿Y… cómo hacemos para que la foto sea bonita, para que tenga interés, para que refleje eso que queremos? Eso también es fácil. Solo hace falta ver lo que se mira. A mí me gusta ver, y supongo que por eso me gusta hacer fotos. Puedes mirar el mar, sin más, o ver el reflejo del sol sobre el mar y el brillo que produce. Mirar un amanecer o ver los infinitos colores azulados y anaranjados de un amanecer tormentoso. Mirar una roca o ver que la roca parece tener ojos o ser una criatura de otro mundo. Y eso lo refleja la fotografía… Claro, con paisajes  y cosas parece fácil y simple ¿verdad?

¿Y con la temática elegida? Lo mismo. Os dejo tres ejemplos de fotos que he visto en vuestra página y que me sirven para explicaros lo que digo.

 

¿Qué es esta foto?, preguntó. Sus amigos contestaron: -Es del proyecto Educando en Justicia que hemos venido desarrollando a lo largo de este año. Es un momento de uno de los juicios simulados. ¿Qué le ves a esa foto?, preguntaron. Veo que no es la de mejor calidad, ni seguramente la mejor, pero creo que resume mejor que ninguna el éxito que me habéis comentado que ha tenido la actividad. ¿Por qué? Porque ERASE UNA VEZ… un colegio que tuvo un proyecto y habló con los Institutos y con los Magistrados y lo pusieron en marcha… y los magistrados iban a los Institutos a contar lo que ellos llamaban aventuras y desventuras de un juez de pueblo, y luego los alumnos iban al juzgado y hacían un juicio simulado y…se hicieron fotos, muchas fotos, esta foto en la que se ve la satisfacción reflejada en el rostro de todos los que participantes. Y esas risas, esas caras de felicidad, son difíciles de expresar en palabras.

 

Esta segunda que he elegido es de la fiesta de Navidad que celebrasteis y a la que tuve el placer de asistir. La he posterizado. Tampoco es de calidad, pero vuelve a reflejar lo que inmortaliza: ERASE UNA VEZ…un Colegio que quería ser más humano, más cercano, un Colegio cuya Junta quería que todo el partido judicial tuviera una celebración de fin de año, compartir con todos una fiesta, para disfrutar, para conocerse más allá del trabajo, de las prisas, del estrés, para cambiar el frente a frente por el a tu lado,  para disfrutar del brindis, de la pista de baile… y eso se ve en la foto: el compartir, el baile, las charlas, el relax. Seguro que verla provoca en todos y cada uno de los que estuvieron presentes una sonrisa. Porque fue una celebración muy disfrutada, doy fé de ello.

Y la tercera que he elegido es una de la que habéis colgado en el cartel anunciador del Concurso. Creo que tiene muchos elementos que definen vuestro trabajo: ERASE UNA VEZ una persona dedicada a la abogacía, siempre con las notas de las grabaciones de los juicios, de las conversaciones con los clientes, siempre con un código al lado, formando parte de esa gran familia que es la Abogacía Española, aportando su granito de arena al bienestar social trabajando en justicia gratuita, formando parte de este Colegio, una persona que vive pegada al teléfono, siempre con un puntito de caos y estrés, que sabe que muchas veces por más que se haya estudiado o preparado un tema los dioses parecen jugar a los dados y la suerte cae de donde cae… Eso es la tercera foto.

Entonces, ¿cómo hacemos para que todo el mundo se anime a participar?

Fácil: ¡eh!, vosotros, sí, vosotros, policía local, guardia civil, funcionarios de justicia, de registros, de notarías, fiscales, magistrados, procuradores, abogados…animaos y concursad. Coged la cámara, abstraeos y mirad, sin prisa y cuando veáis eso que os conmueve, que os causa hilaridad, o miedo, o alegría u os enfada, eso que os provoca una reacción…disparad, una dos, cien veces y os aseguro que ahí estará esa foto, la que os mueve el piso. ¿Y que mejor que compartirla? ¿Y que mejor que pase a formar parte de la memoria gráfica del Colegio y, por ende, de este partido judicial? ¿Qué mejor que mostrar a los demás ese pedacito de vosotros, de vuestro trabajo, de vuestra vida? ¿Qué mejor para visualizar la parte humana de la justicia?

Posdata: Si os da pereza imprimir las fotos, nos las podéis mandar al correo electrónico y, si pasan la preselección, el Colegio se encargará de imprimirlas.

 

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