Se había levantado a la misma hora de cada mañana, solo que esta vez estaba despierta desde mucho antes. Era noche cerrada cuando había abierto los ojos y ya no los había podido volver a cerrar. Siempre le pasaba igual. Nunca dormía bien la noche antes. Así que cuando sonó el despertador estaba desesperada por levantarse. De un salto se plantó en la cocina a por ese café levantamuertos que le gustaba tanto. Luego la ducha, larga, muy larga y muy caliente, para relajarse. Eligió con cuidado la ropa, elegante, sobria, formal… todo lo contrario a aquello que la hacía sentir segura y cómoda. Pero es lo que tocaba para la ocasión. Así se lo habían enseñado. La gente de ahora viste mucho más relajada pero en un trabajo tan formalista uno se acostumbra y al final, es la rutina la que se impone, hasta en el vestir. Se miró en el espejo. Igual debía maquillarse un poco, pero hacía tiempo que cuando se hacía una fotografía se gustaba más sin maquillar. Así que, nada de maquillaje. Perfume, sí. Le gustaba oler bien. El perfume la hacía sentir segura. Salió con cuidado, de puntillas, para no despertar a los que dormían. Al llegar a la calle levantó la cara y cerró los ojos, sintiendo el calor del sol. La reconfortaba. Siempre. Ese calorcito era como una caricia en la mejilla, como un abrazo suave y tierno.  Tres, cuatro segundos, ni uno más. Abrió los ojos se recolocó el bolso y siguió su camino. Llegó de las primeras. Mejor. Iría con su talla. Solo faltaba despistarse e ir sin la talla correspondiente, sumando a los nervios la incomodidad. Poco a poco fueron llegando todos, los actores principales y los de reparto y ella allí, en medio, deseando que nadie se diera cuenta. ¿Cuenta de qué? ¿De los nervios previos? ¿Del miedo a olvidarse de parte del texto aprendido? ¿De no saber improvisar cuando la situación lo requiriera? ¿De no estar a la altura que de ella y de su interpretación se esperaba? Eso que sentía no era miedo. Eran la multitud de mariposas que sintió revolotear en el estómago cuando se enamoró, convertidas todas y cada una de ellas en víboras, esas víboras que la habían obligado a salir del culebrón de sobremesa en que se había vuelto su vida. Si ella se había prometido a sí misma no tener que subir nunca a un escenario. ¡Y allí estaba! Se notaba las piernas flojas, se sentía a punto de entrar en pánico, se la comían esas víboras. Ya estoy mayor para esto, pensaba. En cambio, el protagonista, tan tranquilo. Aquello era un circo de tres pistas y ella una trapecista con vértigo. ¡No recuerda nada! Hasta que, de pronto, en su cabeza resuena, como un eco, aquello de luces, cámara y acción. Ya está. La primera frase es fácil.  Buenos días. Buenos días. Ahora hay que esperar que le den la entrada. Así que cuando oye, letrada, su turno, cierra los ojos una fracción de segundo y al abrirlos mientras dice las palabras mágicas “con la venia señoría”, de repente, en un instante, desaparecen las víboras, los demonios, esboza una sonrisa y …todo fluye.

Beatriz Gomar

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Açò és un relat curt (fora de concurs) com els que encara esteu a temps de presentar per al I CONCURS DE CREACIÓ LITERÀRIA que organitza el Col·legi i les bases del qual teniu en la pàgina web.

Igual vos pregunteu per a què participar. Les raons són personals i no ens importen, però estes podrien inspirar-vos:

  • Perquè amb el premi en metàl·lic em vaig a donar un capritx

  • Perquè si em toca el cap de setmana la meua parella no té excusa perquè ens escapem sols, encara que siga molt prop

  • Perquè sempre he tingut ganes de comptar eixes anècdotes divertides

  • Perquè m’he apegat un curro important estudiant un tema i podria publicar-ho

  • Perquè m’agrada escriure

Anim i a participar, que s’acaba el temps.

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