PEPE MUJICA, PREMIO DERECHOS HUMANOS 2019 DEL CONSEJO VALENCIANO DE COLEGIOS DE ABOGADOS Y FUNDACION POR LA JUSTICIA, INVITADO DE HONOR DEL ILUSTRE COLEGIO DE ABOGADOS DE SUECA.

Aprovechando su visita a Valencia para recoger el Premio Derechos Humanos 2019 otorgado por el Consejo Valenciano de Colegios de Abogados y la Fundación por la Justicia, el carismático expresidente de Uruguay, Pepe Mujica, acompañado de su esposa, la actual vicepresidenta de la república, Lucía Topolansky,  estuvo el pasado 5 de febrero en Sueca, invitado por el Il·lustre Col·legi d’Advocats de este partido judicial.

La recepción se llevó a cabo en la emblemática Casa Múzquiz, inmueble propiedad de la Comunidad de Regantes de Sueca, ubicada junto al río Xúquer y els Canos o bocacaces que alimentan las principales acequias del término municipal. Mújica siguió con interés las explicaciones de José Fortea, presidente de los regantes de esa ciudad, sobre el reparto del agua de riego a través de un complejo sistema de acequias.

Tras una interesante rueda de prensa celebrada en el salón de actos del ICAV, Pepe Mujica y Lucía Topolansky llegaron a Sueca acompañados del decano del Il·lustre Col·legi d’Advocats de Sueca, Jesús Salvador Muñoz, los presidentes de las entidades que le otorgaron el reconocimiento, Antonio Esteban (CVCA) y José María Tomás y Tío (FxJ), el Cónsul General de Uruguay, Alberto Rodríguez Goñi y el vicepresidente de la Fundación de la Abogacía Española para los Derechos Humanos y colegiado de honor del Colegio anfitrión, Carles McCragh.

Estábamos esperando en Sueca, como representantes de la abogacía, la casi totalidad de la Junta de Gobierno del Colegio de Abogados de este partido judicial y los decanos de los colegios de Alcoy (Ricardo de la Encarnación), Alzira (Agustín Ferrer), Castellón (Manuel Mata) y Elche (Vicente Pascual). También estaban presentes el director general de Reformas Democráticas y Acceso a la Justicia, José García Añón,  el alcalde de Sueca, Dimas Vázquez, y el concejal de Agricultura, José Luís Ribera, el secretario de la FxJ, Juan Añón, y otros representantes de esta entidad, así como los medios acreditados de prensa.

A su llegada, los integrantes de la Muixeranga de Sueca dedicaron al homenajeado una torre de bienvenida acompañados por la música tradicional del grupo Tabalaina.

Pepe Mujica dejó constancia de su visita al firmar en el Libro de Honor de la Comunidad de Regantes y en el Libro de Oro de la Ciudad de Sueca. A continuación, los invitados fueron obsequiados con una comida típica de la gastronomía de la zona. El esgarraet, los guisos de anguila y la paella, hicieron las delicias de los comensales. El fin de la comida no supuso el final de las sorpresas, pues la visita culminó con un paseo por los campos de arroz, que permitió a los asistentes conocer de primera mano el hermoso paisaje que ofrecen en esta época del año los campos de arroz, el cultivo suecano por excelencia,  y la fauna que en esos campos, enclavados en el Parque Natural de la Albufera, se observa, como garzas de diversas especies, patos, charranes y cormoranes, paseo que culminó en uno de los embarcaderos del lago de la Albufera donde  esperaba una embarcación de recreo, típica del lago, con la que los invitados dieron un tranquilo paseo por el lago, disfrutando de sus hermosos paisajes y de un espectacular atarceder, que puso el broche de oro a un día perfecto.

El Premio Derechos Humanos 2019 que le ha concedido el Consejo Valenciano de Colegios de Abogados (CVCA) y la Fundación por la Justicia (FxJ) le fue otorgado por el jurado el pasado mes de diciembre, tras valorar otras diecinueve candidaturas, como reconocimiento a la trayectoria vital de compromiso personal e institucional con los Derechos Humanos y la Justicia del expresidente de la República de Uruguay.

Mujica, que presidió Uruguay de 2010 a 2015 es uno de los referentes de la Política con mayúsculas, un hombre con un tono discursivo tan pausado como crítico y que ha aprovechado las ruedas de prensa y discursos que ha dado estos días para alertar sobre el cambio climático y el riesgo de vivir de espaldas a la naturaleza, advirtiendo, en este sentido, del “holocausto ecológico” al que se enfrentan todos los países del mundo,  para reivindicar una “justicia social que otorgue consuelo a los olvidados y desvalidos”, para advertir que “la lucha por los Derechos Humanos no se termina nunca”, que “está sometida al devenir histórico de los cambios de la sociedad”, para declarar en suma que “es una lucha permanente marcada por las desigualdades y las limitaciones de nuestra pobre humanidad”.

Hasta aquí la crónica institucional de la visita con la que nos honró Pepe Mújica y su esposa -compañera, como el la llama muchas veces-, Lucia Topolansky. Pero no puedo terminar sin hacer la crónica de lo “no oficial”. Y lo no oficial es que la primera palabra que te viene a la cabeza cuando ves a esta pareja, es que resultan unos viejitos entrañables. Bajaron del coche con la sonrisa puesta, pusieron verdadera atención en la torre con la que les recibió la Muixeranga de Sueca y el grupo Tabalia y, nada más terminar, se acercaron a ellos, les felicitaron y posaron cuantas veces se lo pidieron los integrantes de ambos grupos para hacerse fotos con ellos. A continuación y viendo que un grupo de personas  llamaba a Pepe desde fuera de la puerta de la finca, no tuvo ningún problema en bajar las escaleras y pedir que le abrieran las puertas para hablar y fotografiarse con ellos, acariciando al perro que traían. De ese momento me quedo con lo que le gritó una de las personas que estaba en el grupo mientras se acercaba a ellos: “Pepe, gracias por existir”. Ahí lo dejo.

Como iba diciendo, se dejaron fotografiar, disfrutaron de la comida y, cuando salimos hacia La Albufera, sin haber tenido tiempo a comernos el postre, no dudaron en coger los vasos en los que los cocineros colocaban la fruta que se había quedado en los platos y comerla de pie, como todos los demás. Y durante el paseo en barca, tuve el privilegio de sentarme al lado de Lucía. Y cuando le dije que se pusiera un poco más cómoda, porque apenas si estaba sentada en el borde interior, me dijo que no sabía nadar y le daba un poco de miedo. En ese momento pensé que yo, sin saber nadar, no hubiera subido a esa “patera” y ella lo hizo con una sonrisa y sin decir nada. Y, pese a ello, disfrutó del paisaje y conversamos, de todo un poco. Fue un momento especial que siempre recordaré.

En cuanto al acto de la entrega del premio, mucho se ha dicho ya en los medios. Tras la apertura y presentación del acto por parte de la decana del ICAV, Auxiliadora Borja, tomó la palabra el Presidente del CVCA, Antonio Esteban,  quien dijo que “la promoción y defensa de los Derechos Humanos y valores asociados a los mismos, es y ha sido, desde siempre, un compromiso irrenunciable para la Abogacía Española, en la que principalmente descansa la defensa de los Derechos y Libertades de los ciudadanos, constituyendo una pieza esencial y básica de la arquitectura del Estado de Derecho” y, respecto del premiado, afirmó que es un reconocimiento a “una persona que ha llevado y lleva a la práctica un compromiso personal e institucional con los Derechos Humanos y la Justicia Social”.

A continuación tomó la palabra el Presidente de la Fundación por la Justicia, José María Tomás y Tío, quien al hablar de la labor de la entidad que preside manifestó que “implicarse en la defensa de los Derechos Humanos universales es el peaje que tenemos que pagar por haber nacido en la zona más favorecida de la Tierra”. Personalmente, suscribo y comparto su reflexión relativa a que hay que poner pasión en lo que hacemos, “apasionarnos por la vida que tenemos regalada, apasionarnos por la defensa de los Derechos Humanos”.

Finalmente tomó la palabra el Secretario de la FxJ, Juan Añón Calvete quien no sólo se limitó a dar lectura del acta en la que se acordó por las entidades convocantes conceder el premio a Pepe Mujica, sino que hizo una emotiva y sentida laudatio al homenajeado destacando su “humildad, sobriedad y compromiso social”, pero no como una forma de vida impostada, sino como una forma de actuar porque durante toda su vida ha sido así y, siéndolo, ha marcado una especial forma de hacer política, “una persona alejada de toda ostentación y de todo impulso consumista” que, además, “entiende la política como servicio a los demás” y “siempre se ha posicionado al lado de la justicia, al lado de los más pobres y más débiles”. Cualidades y razones más que sobradas para la concesión del galardón.

Pero, evidentemente, el mejor momento fue tras la entrega del galardón al premiado quien dijo algo así como ¿y ahora qué tengo que hacer? E hizo, evidentemente, lo que se esperaba, hablar. Manifestó que recibía el premio como un “humilde homenaje a los que gastaron la parte más hermosa de su vida persiguiendo utopías”, porque el precio que se ha pagado “es grande, pero nunca tan grande como el dolor de los millones de los olvidados”.

Reflexionó sobre la lucha por los Derechos Humanos, que “no se termina nunca ni es tampoco la misma”, sino que “está sometida al devenir histórico, a los cambios de la sociedad”.

Sobre la actitud de las personas ante la vida porque es uno mismo quien “debe decidir si quiere pasar su vida siendo un pagador de cuotas o intentando hacer algo por los demás, para tener algo de dignidad, pensando que está haciendo también algo por sí mismo”.

Hizo referencia al reto que se plantea a la juventud, que es “conseguir unas medidas globales que no ignoren las conclusiones de la ciencia y que pongan por delante la garantía de los Derechos Humanos, porque si no podemos acabar en un mundo para pobres y otro para ricos. En esto es muy importante que la política no se haga la distraída”  “La civilización consiste en un conjunto de claves subliminales, nos gritan que si no eres rico has fracasado y que tienes que gastar más porque tienes que ser útil para la acumulación, pero de lo que no se dan cuenta es de que la vida no se compra”.

Explicó que no se puede comparar la pobreza “matemáticamente” ya que se trata de un concepto histórico y social: “por ejemplo, el hecho de tener un televisor hace años sería impensable para el más rico y hoy en día, hasta un pobre puede tenerlo, pero eso no significa que no siga siendo pobre”, que “el concepto de pobreza depende de cada momento histórico y de cada escenario, por eso la lucha de los derechos humanos no se acaba nunca”, “hay que vivir con causa gastando parte del tiempo de la vida de cada uno tratando de crear una esquina mejor para el mundo”.

En definitiva, un discurso cargado de verdades que invitaban a la reflexión, porque –y ahora me vais a permitir que vuelva a mi percepción personal- cuando oyes a Pepe Mujica, no estás oyendo a un político, estás  oyendo a un psicólogo, un ecologista, un antropólogo, un ser humano comprometido. Estás oyendo a una persona de esas que te hacen reflexionar, te calan, te hacen pensar que igual no eres tan rarita en determinadas cosas, que las cosas importantes son las que son, que un planeta tenemos y no lo estamos cuidando, que hay que comprometerse, que hay que intentar mejorar el mundo, preservar la vida que es, en sí misma, un milagro, que no se puede dar la espalda al dolor ajeno para que no nos duela, que estamos perdiendo o cambiando las relaciones humanas por el puro consumismo y la felicidad no es eso.

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